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Pan de muerto dejará una derrama de mil millones de pesos en México durante 2026

El pan de muerto no solo es uno de los símbolos más reconocibles del Día de Muertos en México, también representa una de las temporadas comerciales más importantes para las panaderías del país. Para 2026, la industria prevé ventas por mil 34 millones de pesos, equivalentes a unos 55.59 millones de dólares, impulsadas por la demanda de este producto tradicional durante las semanas previas al 2 de noviembre.
La estimación fue presentada por Julián Castañón, representante de la Cámara Nacional de la Industria Panificadora (Canainpa), quien calculó una producción de 4 mil 545 toneladas, es decir, aproximadamente 4.5 millones de kilogramos de pan de muerto durante la temporada.
De acuerdo con las previsiones del sector, el precio promedio alcanzaría los 227.50 pesos por kilogramo, lo que representa un incremento de 2 por ciento respecto a 2025. Sin embargo, el costo final puede variar considerablemente según el establecimiento, el tamaño de las piezas, los ingredientes y el tipo de preparación.
Las cifras reflejan el peso económico de una tradición que combina la gastronomía con las celebraciones familiares y las ofrendas dedicadas a los seres queridos fallecidos. Además, muestran cómo una costumbre cultural genera actividad para una amplia red de productores, proveedores y comercios.
¿Cuánto cuesta el pan de muerto en 2026?
La Canainpa estima un precio promedio de 227.50 pesos por kilogramo para esta temporada. No obstante, esta cifra no significa que todas las panaderías vendan el producto al mismo costo, pues existen diferencias entre las piezas tradicionales, las versiones artesanales y las preparaciones rellenas.
El precio depende de factores como la calidad y cantidad de los ingredientes, el proceso de elaboración, el tamaño del pan y los costos operativos de cada negocio. Una pieza individual puede tener un precio muy distinto al de un kilogramo completo, por lo que conviene comparar las presentaciones antes de comprar.
Las recetas tradicionales suelen elaborarse con harina de trigo, huevo, mantequilla, azúcar y aromas cítricos, como la ralladura de naranja. También es habitual utilizar agua de azahar, que aporta parte del aroma característico de este pan.
En años recientes, la oferta se ha diversificado con rellenos de nata, queso crema con zarzamora, chocolate y otras combinaciones que buscan atraer a consumidores interesados en probar nuevos sabores.
A pesar de esta variedad, el pan de muerto tradicional espolvoreado con azúcar sigue siendo el más vendido. Entre las opciones rellenas, la nata ocupa el primer lugar en las preferencias de los consumidores, según Castañón.
La temporada de pan de muerto dura varias semanas
Aunque el Día de Muertos se conmemora principalmente el 1 y 2 de noviembre, la comercialización del pan comienza mucho antes. El periodo tradicional de venta se extiende desde mediados de septiembre hasta los primeros días de noviembre, aunque algunos establecimientos amplían su oferta durante más tiempo.
Esta ventana comercial permite que las panaderías distribuyan la producción a lo largo de varias semanas y que los consumidores encuentren el producto en distintos momentos, desde las primeras compras de temporada hasta los días cercanos a las celebraciones.
“El pan de muerto no es tampoco una temporada de un día. Es una temporada”, señaló Castañón al explicar que la demanda se mantiene durante un periodo que beneficia tanto a pequeñas panaderías de barrio como a grandes establecimientos.
Para los negocios, la preparación implica anticipar compras de materias primas, organizar turnos de trabajo y ajustar la producción a la demanda. La planificación resulta especialmente importante en las semanas de mayor movimiento, cuando las panaderías deben mantener la disponibilidad del producto sin generar desperdicios.
La temporada también favorece la actividad de proveedores de harina, trigo, huevos, leche, mantequilla y azúcar, además de empresas de transporte y fabricantes de empaques. Por ello, el impacto económico del pan de muerto va más allá de los establecimientos donde se vende directamente al público.
Una industria que genera cientos de miles de empleos
La panificación mexicana tiene presencia en todo el territorio nacional y constituye una actividad relevante para el empleo y la economía local. De acuerdo con las cifras compartidas por Castañón, el sector cuenta con alrededor de 59 mil 500 establecimientos en el país y genera entre 530 mil y 550 mil empleos directos.
Si se considera el conjunto de actividades relacionadas con su cadena productiva, el número de puestos supera el millón y medio. En esta red participan desde productores agrícolas y fabricantes de insumos hasta transportistas, distribuidores y comercios.
La temporada de pan de muerto representa una oportunidad para aumentar las ventas, aunque sus beneficios no se distribuyen de la misma manera entre todos los negocios. Las diferencias en capacidad de producción, ubicación, costos y clientela influyen en los resultados de cada establecimiento.
Las panaderías pequeñas tienen un papel importante porque mantienen una relación cercana con sus comunidades y ofrecen recetas que forman parte de las costumbres locales. Al mismo tiempo, los negocios de mayor tamaño pueden atender una demanda más amplia y desarrollar líneas especiales para la temporada.
Esta convivencia entre establecimientos tradicionales y propuestas comerciales más recientes permite que el pan de muerto conserve su lugar en la gastronomía mexicana mientras se adapta a nuevas preferencias.
¿Subirá el precio del pan en México a finales de 2026?
En cuanto al precio del pan en general, Castañón no anticipó aumentos generalizados para el cierre de 2026 o el comienzo de 2027. Sin embargo, señaló que cada empresa deberá evaluar sus propios gastos antes de tomar decisiones sobre sus precios.
Entre los principales factores que influyen en los costos se encuentran los salarios, las prestaciones laborales, los alquileres y las materias primas. Los precios de ingredientes como el trigo, la harina, la mantequilla y el azúcar pueden fluctuar de acuerdo con las condiciones de los mercados agropecuarios.
Los costos laborales también representan una variable relevante para la industria. Castañón reconoció los beneficios de las mejoras salariales, aunque indicó que las empresas deben incorporarlas a sus estructuras de gastos y evaluar cómo afectan su operación.
Otro elemento es el consumo de energía. La incorporación de hornos más eficientes puede ayudar a reducir el gasto energético y mejorar el aprovechamiento de los recursos durante la producción.
El clima también influye en el comportamiento de las ventas. Las temperaturas más bajas suelen favorecer el consumo de pan dulce, aunque el representante de la Canainpa no ofreció una proyección consolidada para las ventas totales del sector al cierre del año.
Por ahora, la ausencia de una previsión de aumentos generalizados no significa que todos los establecimientos mantendrán sus precios sin cambios. Cada negocio enfrenta condiciones particulares y puede ajustar sus tarifas según la evolución de sus costos.
Panaderías se adaptan a nuevos hábitos de consumo
Además de los precios y los costos de producción, el sector enfrenta cambios en la manera en que las personas compran y consumen pan. Según Castañón, algunos clientes tienen menos tiempo para acudir a las panaderías o preparar alimentos en casa, visitan los establecimientos con menor frecuencia y concentran una parte importante de sus compras durante las mañanas.
Para responder a estas necesidades, los negocios han comenzado a diversificar sus servicios. Algunas panaderías incorporan café, desayunos y alimentos preparados, mientras que otras ofrecen porciones más pequeñas o amplían su catálogo con variedades integrales y productos sin azúcar.
Estas alternativas buscan atender a consumidores con diferentes horarios, preferencias y necesidades alimentarias, además de generar nuevas oportunidades de venta fuera de las temporadas tradicionales.
Los métodos de pago también forman parte de esta transformación. Aunque el efectivo continúa siendo práctico para compras pequeñas, cada vez más consumidores esperan poder pagar con tarjeta u otros medios electrónicos. Por ello, aceptar pagos digitales puede resultar importante para los establecimientos que desean adaptarse a las costumbres de sus clientes.
“Los que están creciendo están oyendo las necesidades de su consumidor”, sostuvo Castañón, al destacar la importancia de escuchar al público y ajustar la oferta comercial.
Pan de muerto: tradición, consumo y economía
Las previsiones de ventas para 2026 muestran que el pan de muerto conserva una posición destacada dentro de la industria panificadora mexicana. Con una producción estimada de 4 mil 545 toneladas y una derrama de mil 34 millones de pesos, el producto vuelve a demostrar su capacidad para movilizar a miles de establecimientos y a una amplia cadena de proveedores.
La preferencia por la receta tradicional de azúcar confirma que las versiones clásicas mantienen su atractivo, incluso cuando las panaderías experimentan con rellenos y combinaciones de nuevos sabores.
Al mismo tiempo, la temporada evidencia los retos de una industria que debe equilibrar el costo de las materias primas, los gastos laborales y energéticos, así como las nuevas formas de comprar y consumir alimentos.
Más allá de las cifras, el pan de muerto conserva su significado cultural como parte de las ofrendas y las reuniones familiares. Esa conexión entre tradición y consumo explica por qué su venta se extiende durante varias semanas y por qué cada año las panaderías buscan mantener viva una costumbre que también impulsa la economía nacional.